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El día 2 de noviembre de 1927, Howard Phillips Lovecraft escribía una carta a su amigo Donald Wandrei en la que le contaba un sueño especialmente vívido que había tenido la noche de Todos los Santos. “Atardecía un crepúsculo rojizo en la ciudad provinciana de Pompelo, a los pies de los Pirineos en la Hispania Citerior. El año que transcurría era uno de los del final de la República…”, comenzaba el relato donde el mismo Lovecraft aparecía como el cuestor L.Caelius Rufus, enviado para dilucidar un misterio relacionado con extraños cultos y sacrificios humanos realizados en las montañas por una “Raza Antigua” que tenía amedrentados a los primitivos vascones.
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